Cuando la transición verde nace desde la vocación agrícola: Aprendizajes del territorio
La transición verde y productiva, una base de la transición energética
El cierre de operaciones de carbón en el Cesar, particularmente con la salida de Prodeco y Colombian Natural Resources (CNR), afecta aproximadamente a 9.000 empleos (directos e indirectos). Son miles de familias que, de un momento a otro, se quedaron sin una fuente clara de ingreso, generando una ruptura profunda en el tejido económico del territorio. En este contexto, la transición energética no puede entenderse únicamente como un cambio en las fuentes de energía: la salida del carbón exige construir nuevas bases económicas locales que respondan a las realidades productivas del territorio y generen oportunidades sostenibles en el tiempo.
| Carlos Díaz – Cofundador de Sepia “Queremos que ellos (nuestros aliados) se fortalezcan en la esencia de lo que hacen para que puedan decir que la energía limpia fue incentivada por la razón que están dedicando a la agricultura para las próximas generaciones” |
Ahora bien, ¿qué pasa cuando los motores económicos de la región se van apagando? ¿Qué opciones quedan sobre la mesa?
Aquí es importante ser claros: la entrada de energías renovables no va a absorber toda la demanda laboral del territorio, ni en el corto ni en el mediano plazo. Por eso, la energía debe entenderse como un habilitador, no como un fin en sí mismo, para reducir costos, dinamizar actividades productivas. En ese contexto, considerar otras fuentes de ingreso deja de ser una opción y se convierte en algo relevante, ampliando la conversación más allá del cambio de matriz energética hacia la reconstrucción de la economía local, con un papel central para la producción agrícola, los emprendimientos rurales y los encadenamientos productivos.
Y en ese contexto, la energía reaparece, pero con otro rol. No como el centro de la solución, sino como un apalancador. Un medio para:
- Reducir costos de producción
- Hacer más eficientes los procesos
- Aumentar la productividad
- Y abrir nuevas oportunidades económicas
Dicho de forma simple: la energía no reemplaza el empleo que se perdió, pero sí puede hacer viable el empleo que viene. Y eso es justamente lo que vale la pena fortalecer hoy.
Cuando la transición se construye con berraquera en el César
Después del diseño y puesta en marcha de la política de Transición Energética Justa (TEJ) y el impulso a las comunidades energéticas, hoy vemos una implementación lenta y desigual en la mayoría de los departamentos de Colombia. Este rezago se da en un contexto de alta volatilidad en las prioridades públicas, intensificada por el ciclo electoral de 2026.
A esto se suma el atraso en la consolidación de los distritos mineros propuestos y en la dimensión social de los parques solares en las regiones, así como una marcada dispersión de programas e inversiones, tanto públicas como de cooperación internacional, que limita su impacto real en los territorios.
En este escenario, estamos trabajando con 2 asociaciones rurales: la Asociación Agrícola Campesina del Municipio de la Jagua de Ibirico (Asgrocam) y desde la Asociación Municipal de Mujeres Campesinas Negras e Indígenas del Municipio de la Jagua de Ibirico (Amuncijai).
Ellas tienen el potencial de desarrollar y escalar sus propias cadenas de valor en torno a la reconversión laboral y la transición verde. Sin embargo, hoy enfrentan barreras para avanzar sus apuestas en proyectos agrícolas: no han vinculado soluciones de energía fotovoltaica, persiste una débil articulación con mercados, hay acceso restringido a financiamiento y faltan modelos de acompañamiento que ayuden a sostener el valor que buscan construir en sus territorios.
En este contexto, el principal desafío no es la falta de iniciativa local, sino la ausencia de condiciones habilitantes que permitan sostener y escalar estas apuestas comunitarias.
El viverismo como oportunidad económica: Asgrocam
En La Jagua de Ibirico, la historia de resiliencia de ASGROCAM es inspiradora. Se constituye después del cierre de la mina de Prodeco. Cuando se apagaron las máquinas, se cerraron horizontes, rutinas y certezas.
Se organizaron y se formaron gracias al apoyo del SENA y le metieron cabeza y corazón a sus apuestas productivas. Hoy están criando gallinas, engordando pollos, sembrando y cuidando plántulas en viveros para refortestar territorios post-actividad minera. Produciendo dinamismo económico y ecológico donde antes todo giraba alrededor del carbón.

Pero producir en la región del Cesar no es cualquier cosa. Allí el sol y el calor son duros. El agua no siempre alcanza. Y el tiempo y los gastos no perdonan. Las plantas no esperan y los animales tampoco. Éstos necesitan riego constante, mantener una temperatura controlada, propiciar condiciones para el crecimiento con luz blanca cuando es de noche. Y todo eso depende de algo tan básico, y a la vez tan caro, como la energía.

Robinson Baez, Janier Peña, Losy Rodriguez y Jose Ladeut, de Coomustier y Asgrocam los aliados locales durante la visita de campo en La Jagua de Ibirico, en el Cesar – Colombia
Hay algo que no aparece en ningún balance contable pero que cualquier líder asociativo de La Jagua reconoce de inmediato: la factura de energía llega y cambia los planes. No porque falte disciplina ni compromiso — eso sobra — sino porque el costo de la luz se lleva lo que debería quedarse en la organización. Así lo vive Janier, líder de Asgrocam:
Janier Enrique Peña – Lider de Asgrocam “Nuestra visión es llegar a ser una gran empresa, tanto en el territorio como fuera de él”.
Es frustrante porque son condiciones que inhabilitan ese sueño de crecer como organización. Asgrocam ha innovado con lo que tiene, sigue aprendiendo y apostándole a crecer, a formalizarse, a ser empresa.
Desde FORTALECETEJ creemos que este caso evidencia que las capacidades locales para la transición productiva existen, pero también que su consolidación y escalamiento dependen de un acompañamiento sostenido y de condiciones habilitantes adecuadas.
Liderazgo femenino y asociativo de Ammuncinjai
En medio de tantas conversaciones sobre transición energética, reconversión productiva y sostenibilidad, hay algo que a veces se nos escapa: ¿quién está sosteniendo realmente estos procesos en el día a día? En el caso de AMMUCIJAI, la respuesta es poderosa: mujeres campesinas organizadas, liderando desde lo cotidiano, desde lo que se siembra, se cuida y se construye con paciencia.
Como lo dice Sandra López, lideresa de la asociación:
“Somos familias campesinas que estamos tratando de sacar adelante nuestras unidades productivas”.

Y esa frase, carga una verdad enorme. Aquí no hay discursos, hay trabajo diario: gallinas que se cuidan, huertas que se mantienen, productos que se procesan y se llevan al mercado. Hay una economía del cuidado que no descansa, porque detrás de cada unidad productiva hay mujeres que organizan, sostienen y reparten sin que nadie lo contabilice. Y hay una persistencia organizativa que ya lleva años resistiendo la informalidad, el abandono institucional y los costos que no bajan. Insistencia y ganas de salir adelante, incluso cuando el contexto no siempre acompaña.
Lo que han hecho en Ammuncinjai no es menor. Han entendido que, en territorios donde históricamente las oportunidades han sido limitadas, organizarse no es solo una estrategia, es una necesidad.
Han unido fuerzas entre líderesas. Se han acompañado. Se han formado. Han aprendido a gestionar recursos, a estructurar ideas, a tocar puertas —y a no rendirse cuando esas puertas no se abren tan fácil. Porque sí, aquí también hay sueños. Pero son sueños que se trabajan.
Se puede tener claridad Y voluntad colectiva, Ccon años de experiencia y aun así toparse con barreras que no dependen de la asociación. Eso es lo que vive ANMUCIJAI hoy. Deudas energéticas que llegaron con la formalización y que siguen presionando su flujo de caja. Una red eléctrica local que no fue diseñada para aumentar a escalas productivas que estas mujeres sueñan construir. Infraestructura que necesita inversión y que los socios actuales no han terminado de acompañar. Y mercados que existen, pero a los que todavía se llega con estrategias prestadas. Nombrar todo esto no es una queja: es el diagnóstico desde el que se puede construir algo diferente.
De la complejidad al camino compartido
Tenemos claro que la reconversión laboral y la transición energética no es lineal, no es ordenada, ni rápida. Está llena de tensiones, de avances y retrocesos, de aprendizajes que no caben en una hoja de Excel.
Lo que frena a organizaciones como ASGROCAM y AMMUCINJAI no es falta de voluntad ni de ideas: son los cuellos estructurales que ninguna puede resolver sola. Energía cara, políticas que no llegan al territorio, mercados que aún no existen, capacitación que no se convierte en aplicación real, y una formalización que, si no se acompaña bien, puede reproducir la misma exclusión que busca superar.
Tabla Apuestas de Asociaciones
Aquí hay algo que vale la pena no perder de vista: Cuando organizaciones como estas logran consolidarse, no solo mejora su producción. Cambia la forma en que un territorio se piensa a sí mismo. Cambia la conversación, la confianza, e incluso la manera en que un territorio se imagina a sí mismo.
Por eso, más que soluciones aisladas, lo que hace falta son nodos de facilitación: espacios que traduzcan entre lenguajes, conecten oferta con demanda y acompañen procesos como el cierre minero desde una mirada territorial.
Sin esos puentes, los esfuerzos se quedan solos, aislados. Y así, la transición pierde fuerza.
La transición verde se construye con FortaleceTEJ
Al final, no es un plan nacional lo que transforma un territorio, son las relaciones y la colaboración. Lo que está ocurriendo en el Cesar es que comunidades están organizándose, mujeres liderando, asociaciones apostando a crecer incluso en condiciones difíciles. La transición energética puede empezar con paneles solares y también comenzó cuando una comunidad decide asociarse, producir mejor y sostenerse. La energía viene después.
Y ahí es donde todo cobra sentido: seguir acompañando, aprendiendo y apostándole a que esas visiones, que hoy parecen lejanas, se vuelvan realidad.
El proyecto de FortaleceTEJ articula actores locales, técnicos y financieros para impulsar comunidades rurales sostenibles con enfoque en gobernanza, productividad y capacidades en la Transición Energética. La alianza busca fortalecer capacidades en temas de reconversión laboral, gobernanza territorial y el vínculo entre energía y capacidades productivas locales.

A través de esfuerzos conjuntos en FortaleceTEJ queremos apoyar (escuchar podcast del Solar) nodos de desarrollo local alrededor de la energía limpia, generando oportunidades económicas, visibilidad en los procesos de inclusión y acceso a vias para la transición verde. A continuación verán como las voces de nuestros aliados están marcando hitos en el camino a demostrar cómo la visión futura del territorio ayuda a sostener los esfuerzos que apuntan a unas mejores condiciones de vida.
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